La paradoja de la renta fija: cuando la presión se convierte en oportunidad

El Senior Investment Advisor de Mora Capital Group en Miami analiza por qué los bonos atraviesan un año difícil y por qué, a estos niveles de rentabilidad, la renta fija en dólares vuelve a ofrecer una renta atractiva con riesgos acotados.

Sebastian Salamanca, CFA, CAIA, Senior Investment Advisor de Mora Capital Group en Miami, repasa en este análisis las claves de un año complicado para los bonos. La rentabilidad del Tesoro estadounidense a diez años marca máximos desde 2007, impulsada por el crecimiento, la inflación, los déficits y una avalancha de nueva deuda. Sin embargo, con el mercado descontando tres subidas más de tipos a un año vista y una inflación que se modera, aunque lentamente, buena parte de las malas noticias ya parecen estar en precio. Donde el mercado percibe riesgo, sostiene, emerge la oportunidad.

Un año difícil para los bonos

La rentabilidad del bono del Tesoro de EE. UU. a diez años ha alcanzado su nivel más alto desde 2007, mientras que sus equivalentes alemanes y japoneses no veían estos niveles desde 2011 y 1996, respectivamente. Mientras las bolsas mundiales suben un 12% en el año, la renta fija global en base dólar pierde un 1% en retorno total.

¿Qué está empujando las rentabilidades al alza?

Según el autor, hay cinco factores:

  • Crecimiento e inflación más elevados. EE. UU. sigue creciendo por encima de su potencial y la actividad manufacturera y de servicios continúa en expansión. A ello se suman los conflictos geopolíticos y su efecto sobre una inflación impulsada en gran parte por la energía, con el Brent superando los 118 dólares por barril y el diésel promediando 6,20 dólares por galón. Esta combinación es desfavorable para los bonos: la mayor demanda de capital encarece la financiación y la inflación reduce el valor real de los cupones fijos futuros.
  • Bancos centrales de nuevo en modo restrictivo. Con un mercado laboral sólido y bajo desempleo, la Fed subió tipos en septiembre y deja la puerta abierta a nuevas alzas mientras la inflación no baje de forma convincente. Europa y Japón también han subido tipos.
  • Déficits y deuda pública récord. La deuda de EE. UU. ha superado por primera vez los 40 billones de dólares y los países de la OCDE emitirán este año unos 18 billones en bonos, a lo que se suma un gasto en defensa récord. Más deuda que colocar implica que los inversores exigen más rentabilidad para financiarla.
  • La fiebre de la inteligencia artificial. La carrera por construir infraestructura de IA ha llevado a las empresas a emitir más de 400.000 millones de dólares en bonos este año, buena parte de compañías de calidad y alta capitalización como Meta y Alphabet. Gobiernos y empresas compiten por el mismo capital, lo que encarece la financiación para todos.
  • Cambio en el perfil de los compradores. La Fed y los bancos centrales extranjeros pesan cada vez menos en el mercado del Tesoro, sustituidos por inversores privados más sensibles al precio. Además, el exceso de ahorro global que mantuvo los tipos bajos durante décadas se ha agotado.

Lo peor puede estar ya en el precio

Entender el porqué, apunta Salamanca, no implica que la tendencia vaya a prolongarse indefinidamente. El mercado ya descuenta tres subidas más de la Fed hasta finales de 2027. Además, el alza de las rentabilidades responde sobre todo a tipos reales más altos, es decir, descontada la inflación, y no al temor a una inflación elevada durante muchos años.

La propia Fed prevé que la inflación se modere en los próximos dos años, y la tecnología podría actuar como fuerza desinflacionaria al elevar la productividad, como ocurrió en los años noventa, e incluso aflojar el mercado laboral. Si la inflación sorprende a la baja o el crecimiento pierde fuerza, el recorrido adicional de las rentabilidades podría ser limitado.

Una renta atractiva sin asumir grandes riesgos

Lo más relevante para el inversor, señala el autor, es que a estos niveles la renta fija vuelve a ofrecer algo que escaseó durante años: rentabilidad. Hoy es posible construir carteras en dólares que rindan en torno al 6%, centradas en los tramos cortos e intermedios de la curva, sin comprar bonos de muy baja calidad ni vencimientos muy largos.

Reconoce que los bonos no están cumpliendo su papel clásico de amortiguador ante las caídas de la renta variable, ya que este año han caído mientras las bolsas subían. Por ello propone cambiar el enfoque y ver la renta fija no tanto como un descorrelacionador estricto, sino como una fuente de renta consistente.

El margen de seguridad

Con un punto de partida elevado, el cupón actúa como colchón frente a nuevas subidas de tipos. A modo ilustrativo, un bono a tres años que rinda en torno al 6% podría soportar un alza adicional de unos dos puntos porcentuales en su rentabilidad durante el próximo año antes de generar pérdidas de retorno total.

Los bonos pueden seguir siendo volátiles a corto plazo, concluye Salamanca, pero para el inversor con horizonte de medio plazo los niveles actuales ofrecen algo poco habitual: una renta atractiva con riesgos acotados, sin necesidad de asumir volatilidad en los tramos más largos. Tras años de rentabilidades mínimas, la renta fija vuelve a pagar por esperar.

Fuente de los datos: Bloomberg.

Sobre el autor

Sebastian Salamanca, CFA, CAIA, es Senior Investment Advisor de Mora Capital Group en Miami.

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